7 jul. 2011

Promesas - Jueves

“La mejor forma de cumplir con la palabra empeñada es no darla jamás.”

Napoleón Bonaparte.

He escuchado en mi vida por lo menos 10 mil veces “prometo…”, lo he escuchado en mi vida diez mil veces, y nunca he prestado importancia.

Dijo un sabio alguna vez “Ambos se dañan a sí mismos: el que promete demasiado y el que espera demasiado.” Yo prefiero no creer, no esperar, no tener expectativas y es que no se si es porque te robaste todas mis esperanza o porque he aprendido a no dañarme.

Ya sea el político corrupto en plena campaña electoral, prometiendo mejores oportunidades; o el novio adolescente apenas consciente de lo que es la vida, de los estragos del tiempo, prometiendo insensatos por siempre; o trátese del amigo de la infancia, que promete estar siempre unidos.

Trátese de cualquier caso, la confianza no figura en ninguno de ellos, al menos no para mi, no en esta vida, no en este país.

…Prometo estar contigo siempre, no importa que pase – dijiste- y así lo has hecho. Tu mano ya no roza mi mano, tus ojos ya no miran mis ojos y tus labios, oh tus labios son un elixir que nunca más volveré a probar y a pesar de ello tu imagen aún encarne en mi mente. Cualquier cuerdo lo llamaría obsesión, cualquiera, pero yo ya no quiero recordarte, procuro no estar consciente de mi misma y aun así te encuentras ahí, inconscientemente, me supongo pero a veces pienso si será esa la fuerza de tus promesas lo que te mantiene presente y es entonces cuando tu imagen se difumina y me recuerdo que la carencia de desilusión radica en la falta de expectativas…


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