20 jun. 2011

El sujeto de negro

"Y algunas veces suelo recostar
mi cabeza en el hombro de la luna
y le hablo de esa amante inoportuna
que se llama soledad
."
Joaquín Sabina


Cuando David se despertó y volvió la mirada hacia el otro extremo de la cama, con la esperanza de que aquella mujer que anoche vio estuviese ahí, no encontró nada, ni siquiera su figura lograba recordar, pero él sabía que aquel evento, cuando sus ojos se postraron en la perfecta silueta que adornaba el abrigo gris, ese momento donde el calor lo invadió e hizo que sus manos se empaparan de un sudor de nerviosismo que solo se comparaba con la primera vez que salió con la que fue su mujer, pero una vez más estaba solo, despertando, se sentó al filo de la cama, suspiró y camino hacia el baño, se sentó en la taza y se puso a leer revistas viejas manchadas con pintura, tomo una ducha y bebió una taza de café, salió hacia su trabajo y caminando la recordaba y no había nada más que preocupara su mente.

Saludaba a sus compañeros y mostrando los dientes en señal de que todo estaba bien, pero el vacío de que no había nadie que se preocupara por él cada vez era más pesado, y no hay nada más pesado que el pesimismo y la rutina a eso había que añadirle lo vacía que estaba su casa cuando la dejaba, y que el único contacto con los demás era únicamente por trabajo, ese día David sintió que llegaba al fondo, no había razón para seguir viviendo, nada le sacaba una sonrisa que no estuviera llena de cinismo, y sin embargo era su deber existir.

Regresó a su casa, y lo mismo, otra taza de café, se miró en el espejo de su baño y se volvió a sentir solo, recostado y a punto de dormir una vez más estiró el brazo hacia el otro extremo de la cama con la creencia de poder encontrarla ahí pero nada, otra vez nada, sus deseos de llorar eran tan grandes que el dolor que oprimía su estomago empujó algunas lagrimas. David empezó a pensar a quien se le podía culpar por aquellas lágrimas, no sabía de dónde escoger, tantas veces amado y el mismo número de ocasiones olvidado, en la profundidad de su llanto en el sueño cayó.

En la mañana despertó, como cada fin de semana, se dispuso a ver el televisor para poder emocionarse con las historias ficticias que se transmitían, de nuevo fue al baño se miro en el espejo y comenzó a hablar con el mismo, fue una de esas charlas largas e interesantes en las que deseas que la persona con la que hablas no se vaya para poder seguir esa conversación y ese era el caso, la persona con la que David conversaba no podía irse, a eso se había visto obligado, a acompañarse a el mismo y el vacío se fue.

En otra ocasión salió a caminar, y la charla con el mismo no había acabado, recordaba y se reía y una imagen lo detuvo, ambas voces en su cabeza se silenciaron, la mujer de perfecta silueta de nuevo estaba frente a él, solo se dijo “hazlo”, dio un paso hacia ella y al siguiente paso ella corrió a abrazar a otro hombre, lo besó y el sentido de vacío a David envolvió. Soltó una lágrima, sonrió, volteó hacia el suelo y miró al sujeto de negro que siempre le seguía con el que sostenía esas pláticas, dio media vuelta y continuó esa charla interrumpida y que ahora David sabe que nadie la puede callar.