22 jun. 2011

Soledad

A Soledad la conocí ya desde pequeño, con esos ojos grandes y ese cuerpo escuálido y esbelto,

Nunca nadie, nadie nunca me la presento y de pronto abriendo los ojos una mañana ya estábamos siendo algo.

Le conocí a Soledad los movimientos lentos, los silencios largos, palabras cortas, melancólica mirada, frívola secuencia del ir y venir conmigo cuantas veces quisiese, cuantas veces pudiese.

Está claro que Soledad era muy consultada, era casi como cuando el pequeño se aventura a jugar lánguida mente y sufre algún daño en el transcurso y ...este regresa por Consuelo, así era Soledad, Soledad- Consuelo, era como la madre de los refugiados, que después de lastimados sabía le citarían para estar con ella, con madre Soledad Consuelo que les "acariciaba sus tenues lagrimas", escuchaba tranquila y sin prisa el lloriqueo de sus grandes infantes, así era ella, aun que siempre desaparecía de un momento al otro, tan escurridiza como mujer de renta y sombra que era esa..

de momentos su boca era tumba, su voz era muerte y de tanto su silencio parecía como si les ignorara a todos aquellos ingratos, pero no, nadie mejor que yo que conoce a Soledad puede decir que ella estaba atenta.

Y si ella seguía allí, Soledad era así, una mujer de seule attitude, a veces suave, de momentos tierna, sólo de momentos,a algunos a veces actúa como lastre, si Soledad era una mujer pesada claro no hablando en el sentido estético, sino era tan pesada siendo ella soledad nocturna, viajera, muerta soñando.

Bastante incomprendida era ella, era la que tenía que comprender tan altruistamente denegando a la reciprocidad su parte. Pero ella estaba allí, con todos y con nadie a la vez, era siempre tan ensimismada, tan callada, que de tanto “tan” se le notaba, se sabía que ella estaba allí, en alguna parte de su silencio prolongado, sus besos fríos, pero al fin y al cabo y a fin de cuentas de ella zalamerías no cobradas.

Pero Soledad me abandonaba, tenía que abandonarme a mí e ir con otros, era un tanto como si yo le corriese también, y ella se fuera por cuenta propia, con Soledad se hace todo entre lo tácito, y era así por lo que sin decirnos nada, y penetrándose en su silencio se hiciesen las cosas así en silencio, sin palabra, sin pantomimo, sin nada sólo el hecho de encontrarte haciéndolo.

En esos múltiples regresos de ella hacia mí, le soñaba un momento antes, le soñaba tomándome del torso con sus brazos blancos y finos, me tomaba de ahí y me sujetaba a ella, ya después de tenerme muy juntito al borde de su cintura seca, me decía algo al oído, algo que aún con sus múltiples regresos, y de los míos desde el sueño me olvidaba, olvidaba esas palabras concentradas en sus labios finos y rojos, algo pronunciaba … pero siempre regresaba y era entonces que me despertaba, sería mejor decir que me regresaba al mundo porque cada que le soñaba un momento antes no era preciso cerrar los ojos y consultar la noche con la almohada, podía ser a toda hora, en todo lugar que le soñase y segundos más tarde tenerle al borde de mi cama con sus piernas descubiertas y seductoras, bebiendo una copa de vino.

Recuerdo aquella tarde, que salí a pasear por las calles, y ella venía conmigo sin que yo lo supiese, pero me percate justo al cruzar la calle y encontrar a la calle contigua aquellos dos enamorados mirándose fijo a los ojos, y entonces le descubrí a Soledad caminando tras de mí, y es que era de costumbre que apareciese de la nada y como siempre tácita

tratando de decirme que quizás no estaba tan solo, pues siempre venía ella conmigo, en esos lapsos de conciencia de su existencia, así se le explica a los ires y venires de ella,y sólo muy de vez en cuando algunos le encuentran en su ausencia. En todo caso Soledad ya me estaba saludando cuando seguimos juntos por la calle, después de ese largo paseo regresamos juntos a casa, tenía a Soledad en casa y lo único que ocurrió con ella, fue que dormimos como dos hermosos confidentes nariz a nariz en la cama que nos vencía en el cansancio.

Eran cortos los encuentros con ella, sin embargo frecuentes. Llegué a pensar que le jugaba adrede los peones para matarles pronto, y entonces dejarle solo al rey, para que hiciese lo que quisiese con él, a fin de cuentas el rey seguiría siendo rey aún después de decapitado o en el juego el punto de mate. Le jugaba los peones para que ella regresase y sintiera entonces que ella ganaba el juego, que ella tenía a fin de cuentas al rey para ella sola, y entonces que viniese, que viniese conmigo al punto del filo de mi cama con su copa de vino al styl solitude, disfrutarle a ella y al hecho de que viniese, de tenerle frente a frente, “de- tenerle “ sus besos en los míos, de que aún siendo refugio de tantos fuese ella para mí el “amor” y el “gusto” de tenerle y amarle, decapitarle a la reina, a los peones y hacerle creer que ha ganado la partida, pero que siempre habrá de venir aun cuando ella parta y acabe la partida, y habrá de jugar conmigo, habrá de estar conmigo

Conmigo, conmigo, muy al style solitude.

Conmigo en las calles, en la cama, en el parque, conmigo y en mí, venciéndonos el uno al otro entre el cansancio y después encontrarle a él como tercer participante y como vencedor "Cansancio".